VERSOS PARA UNA DAMA CON EL INFINITIVO INTACTO

19:00 Diana Gu 1 Comments



La señorita Mutch amenaza con un bastón de mala traza
y suelta un grito a su antojo:
"Quizá fuera en Yale a clase, pero no acierta un frase".
Y le metió un dedo en un ojo.
"A Princenton también iría, aunque nadie lo diría
a juzgar por su escritura.
En Harvard tal vez copió, o quizá se le ocurrió
comprar la licenciatura.
En las escuelas de pago debió ser un mal trago
ignorar qué es una esdrújula.
Mucha rima rebuscada, falsa métrica, mal contada:
una vergüenza mayúscula”.
Siguió castigándole el ojo y, por mostrarle su enojo,
se burlaba mientras tanto.
El hombre, que al fin se zafa, hecho el ojo una piltrafa,
tardó en quitarse el espanto.
“No levante, señorita el bastón cuando se irrita
contra mi ojo de cristal.
Aunque vaya el tonto al aula, su mente es como una jaula,
siempre conjugará mal.
Para un prosa errática, mejor que la gramática,
será siempre el martillo.
Ese verbo que yo parto de un modo tan feo y harto
no es lo más propio de un pillo.
Sé que mi (supuesto) estilo la mantiene ahora en vilo
porque aprendí a escribir en un bar.
Juntar palabra y pensamiento sería un aburrimiento
sin un cóctel que tomar.
Quizá no sea de recibo buena parte de lo que escribo,
mas no tuve institutrices.
Suelte el bastón y el diccionario, que en mi prosa de urinario
sobran ya las cicatrices.
Cuando el poeta sueña, la gramática le enseña
a enseñar como conviene.
Está muy clara la norma de someter el fondo a la forma;
a saber de dónde viene.
¿Quizá de un cementerio, nacida del buen criterio
de un triste sepulturero?
¿Es un palimpsesto cruel? ¿O está esculpida a cincel
en la proa de un ballenero?
¿consta acaso en un bordado, primoroso y bien guardado
con tesón por una abuela?
¿O es de sangre la tinta con que la historia la pinta
a quien, furioso, se rebela?
Deje mujer, el bastón y olvídese del bofetón.
Brindemos, no sea tremenda.
Por darme muerte me acecha, mas creo que no está hecha
la tumba de Aristóteles para está menda.
Venga conmigo y dance el definitivo romance,
la nota al pies, clara y precisa.
Con cuerno afilado de chivo, rajemos un infinitivo
y partámonos de risa.
Baila, baila, punto y coma, compartamos esta broma
y disfrutemos el acto.
Bendito sea el intento de poner bien un acento
o de encontrar un rimo exacto.
Sin premura para el arte de poner punto y aparte
nos asomaremos a un risco.
Daremos luego un paseo a la luz a de un buen fraseo
o, mejor, de un asterisco.
Seremos más felices que las famosas perdices
y empinaremos el codo.
Celebremos con un ripio el error de un participio,
la gramática del beodo”.
Lo miró ella con desprecio, como sólo se mira a un necio.
Cada inflexión la horripilaba.
De puro miedo inválido, el hombre se puso pálido.
Hasta su sintaxis temblaba.
“¡Acábese el calentón y aparte usted el bastón!”,
protestó un chillido de rata.
Ella hizo caso omiso. Y en la tumba del occiso:

AQUÍ YACE UN FE DE ERRATA.

Raymond Chandler

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